Con el reiki pasa algo curioso: quien lo prueba suele repetir, y quien no lo ha probado suele mirarlo de reojo. Vamos a contarlo con los pies en el suelo.
Qué es el reiki
El reiki es una técnica de origen japonés en la que la terapeuta coloca las manos sobre distintas zonas del cuerpo —o ligeramente separadas de él— con la intención de favorecer la relajación y una sensación de equilibrio.
Estás vestida en todo momento, no hay masaje ni manipulación, y la sesión transcurre en silencio o con música suave. Es, sobre todo, un rato de parada.
Lo que la gente suele buscar
- Bajar el ritmo en épocas de mucho estrés
- Descansar mejor
- Un espacio de calma sin tener que hablar
- Acompañar procesos personales o de duelo
- Sentirse cuidada un rato
Cómo es una sesión
Te tumbas vestida en la camilla, tapada con una manta si hace falta. La sesión dura entre 50 y 60 minutos y la terapeuta va cambiando la posición de las manos cada pocos minutos.
Lo más habitual es notar calor, un cosquilleo suave, pesadez agradable o simplemente quedarse dormida. También hay quien no nota nada especial durante la sesión y sí una calma clara el resto del día.
Seamos claras con lo que no es
El reiki no cura enfermedades, no sustituye ningún tratamiento y no debe retrasar una consulta médica. Cualquiera que te prometa lo contrario te está haciendo un flaco favor.
Entendido como lo que es —una técnica de relajación y acompañamiento— tiene su sitio, y para mucha gente es un sitio valioso.