«Sé perfectamente lo que tengo que hacer. Lo que no sé es por qué llevo dos años sin hacerlo.» Esa frase, tal cual, es el punto de partida de la mitad de los procesos de coaching.
Qué es el coaching
El coaching es un acompañamiento centrado en el presente y en el futuro: dónde estás, dónde quieres llegar y qué se interpone. Se trabaja con objetivos concretos, con preguntas y con compromisos entre sesión y sesión.
La coach no da consejos ni te dice lo que tienes que hacer. Su trabajo es que tú lo veas con más claridad y que lo que decidas se convierta en algo que ocurre de verdad.
En qué se diferencia de la terapia
La psicoterapia trabaja el malestar y, muchas veces, la historia que hay detrás. El coaching trabaja el proyecto: una transición profesional, un cambio de hábitos, un equipo, una decisión que lleva meses en el aire.
Cuando lo que hay debajo es sufrimiento psicológico —ansiedad, depresión, un duelo que no avanza—, lo honesto por parte de una coach es derivar a psicología. Y una buena coach lo hace.
Cuándo encaja bien
- Cambios de trabajo o de rumbo profesional
- Emprender y no saber por dónde empezar
- Hábitos que se resisten
- Liderar equipos o gestionar conflictos
- Decisiones importantes que llevan tiempo aplazadas
Cómo es un proceso
Un proceso típico son entre 6 y 10 sesiones de unos 60 a 90 minutos, cada dos o tres semanas —ese hueco es a propósito: entre sesión y sesión es donde pasa lo importante—.
Se empieza acordando el objetivo y cómo sabremos que se ha conseguido. Y se termina: un proceso de coaching tiene fecha de cierre.